La Bodega Julián Madruga es el fruto de la ilusión y las ganas de dar continuidad a la tradición y los valores de toda una vida.
Hacemos vino de autor, con la dedicación y el mimo de las artesanías de antaño y las tecnologías y avances de hoy. Un vino natural, de baja intervención, que nace de una elaboración respetuosa con la tierra, con la viña y con la uva. Sin prensados ni filtrados. Una gama de vinos cuyo cuerpo y textura no dejan a nadie indiferente. Pensados para compartir y acompañar nuestros momentos más significativos.
Las cinco variedades que forman la gama de productos de esta Bodega responden a lo que tanto los paladares como la propia uva nos han ido pidiendo.
Malvasía: auténtico oro líquido con un exquisito equilibrio entre acidez y grado alcohólico, que hace homenaje al amor, la ilusión y el trabajo de las personas que han hecho posible este legado.
Intenso, fresco, sugerente y envolvente.
Eva: Eva es un vino pensado como homenaje a la mujer. De la misma forma que la Eva bíblica representa a la primera mujer, nuestro vino encuentra su sentido en la vitalidad de su juventud. En la originalidad de sus notas y colores. Y, al igual que cada mujer, Eva es un vino elegante y exclusivo en su elaboración.
12 meses de curación en madera y 12 de reposo en cristal.
Julián Madruga: Este vino es a la uva lo que la memoria al corazón. Recolección y cosecha del fruto de experiencia y recuerdos, que tras un proceso de maduración, se airean para oxigenar y compartir los sentimientos.
24 meses de curación en madera y 24 de reposo en cristal.
Julián Madruga 36: al igual que ocurre con las personas, el vino puede llegar a ofrecernos a qué sabe la madurez, la templanza y la experiencia. Este es el caso de Julián Madruga 36. Suave pero intenso, con una marcada personalidad y un recorrido aterciopelado que sorprende a todo tipo de paladares.
36 meses de curación en madera y reposo en cristal en proceso dado que es un vino longevo de guarda.
Julián Madruga 1930: Este vino nos ofrece la oportunidad de probar un auténtico capricho de la naturaleza. Fruto de un viñedo injertado en el año que le da nombre ubicado a casi 900 metros de altura, con un crecimiento y recolección de la uva absolutamente mimada y respetuosa, una fermentación sin movimiento y un mosto flor de menos de 40% de rendimiento, tiene como resultado este caldo de gran intensidad aromática y gran untuosidad plena de sabores.
36 meses de curación en madera y reposo en cristal en proceso dado que es un vino longevo de guarda.
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